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Reflejos Primitivos y Terapia de Movimientos Rítmicos

Los Reflejos Primitivos son esenciales para la supervivencia del bebé en sus primeras semanas de vida y le aportan el entrenamiento rudimentario en muchas de las habilidades voluntarias posteriores. No obstante, estos reflejos primitivos deberían tener una vida limitada, y después de haber ayudado al bebe a sobrevivir en sus “arriesgados” primeros meses de vida, deberían inhibirse o ser controlados por centros superiores en el cerebro. Esto permite que se desarrollen estructuras neurológicas más sofisticadas, que permiten a su vez, que el niño tenga control sobre sus respuestas voluntarias.

Si estos reflejos permanecen activos después de los 6-12 meses de vida, se les denomina “aberrantes” y pasan a ser la evidencia de una debilidad o inmadurez estructural en el sistema nervioso central, entorpeciendo el aprendizaje, la atención, el desarrollo motriz grueso y fino, el procesamiento sensorial, el lenguaje, la lateralidad, etc.

Es muy importante reconocer qué reflejos aberrantes tiene el niño y cómo están afectando a su desarrollo. De este modo, se puede establecer un plan de actuación personalizado que ayude al niño a integrar estos reflejos y le permita adquirir la maduración neurológica necesaria para atender a las demandas del ambiente.

Una manera de integrar reflejos primitivos es la Terapia de Movimientos Rítmicos (TMR). Esta terapia desarrollada por el doctor Harald Blomberg, está basada en los movimientos que espontáneamente hacen los bebés. Estos movimientos son necesarios para el desarrollo normal del cerebro. Los bebés que por alguna razón son incapaces de hacerlos pueden terminar con problemas de atención, aprendizaje o dificultades motrices. La TMR son movimientos rítmicos y sencillos y son un tratamiento más eficaz y potente que la medicación.

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