Ananda

 

Detrás de este desgarrador titular está la historia de miles de niños que padecen una Disfunción General de Modulación Sensorial y de sus familias, que ven impotentes cómo su hijo o hija tiene todas las habilidades necesarias para ser un estudiante brillante pero que, por algún motivo, falla estrepitosamente en el cole, en las relaciones sociales con los demás niños y en la mayoría de los casos, son infelices.

La Disfunción de Modulación Generalizada es un cuadro clínico dentro de las Disfunciones de Integración Sensorial. Cuando hablamos de integración sensorial, hablamos del proceso neurobiológico que ordena las sensaciones que vienen tanto del mundo que nos rodea como del propio individuo, en nuestro Sistema Nervioso Central (SNC) para que podamos generar respuestas adaptativas. Estas sensaciones llegan a nuestro SNC a través de los 7 sentidos: vista, oído, olfato, gusto, tacto, propiocepción y vestibular. Analizando brevemente la implicación que tiene cada uno de nuestros sentidos en el desarrollo infantil, cuando hablamos de Integración Sensorial, tacto, propiocepción y vestibular adquieren mayor relevancia:

Tacto: Nuestra piel es el límite de nuestro cuerpo. El sentido del tacto nos ayuda a defendernos cuando sentimos dolor y a calmarnos cuando alguien nos abraza. Es fundamental para armar el esquema corporal, nos ayuda a movernos y a sentirnos confortables en nuestro cuerpo. Si alguna vez habéis intentado sacar las llaves del bolso con guantes, habréis viso qué importante es el tacto para ser eficaz en esta tarea.

Propiocepción: Es la información de la posición de nuestro propio cuerpo. Cada vez que nuestros músculos y tendones se contraen o estiran mandan esa información a nuestro cerebro. Este proceso es fundamental para la motricidad en general, para mantener la postura y para saber cómo hay que moverse. Si no tuviésemos propiocepción en las manos, la tarea de sacar las llaves del bolso sería muy complicada (aunque no lleváramos guantes), porque podríamos sentir los diferentes objetos que hay dentro del bolso, pero no moveríamos nuestros dedos de manera eficaz para apartarlos y sacar la llave que estamos buscando.

Vestibular: El sistema vestibular está alojado en el oído interno y manda información a nuestro cerebro cuando nos movemos. Nos ayuda a coordinar los dos lados del cuerpo, a calmarnos si el movimiento es rítmico y lento y a activarnos si el movimiento es fuerte. Si, exactamente, es el encargado de tranquilizar a un bebé al que estamos meciendo y de disparar a un niño que acaba de bajarse de una montaña rusa.

Los niños que tienen problemas de modulación sensorial “tienen roto el termostato que regula la cantidad de información sensorial que llega al SNC”. La información sensorial de la que hablábamos antes no llega ordenada a su SNC y a pesar de ser muy inteligentes, buenos, cariñosos… a pesar de esforzarse muchísimo por hacer las cosas bien, no siempre les salen. Esto causa mucha frustración. Imaginad que tenéis el oído muy sensible, podéis escuchar sonidos que otras personas ignoran y que os molestan muchísimo los ruidos o incluso os dan miedo. Ahora imaginad que con este procesamiento auditivo os meten en un aula de infantil y os exigen que escuchéis a la profe, que estéis atentos, quietos, que aprendáis, que no le peguéis a los niños que os están molestando y que os portéis tan bien y de manera tan organizada como vuestros compañeros que tienen un procesamiento auditivo normal y el ruido no les molesta. ¿Frustrados?

Ahora imaginad que sois igualmente sensibles al tacto: la ropa os pica, no os gustan que os den besos, os desagrada mucho tener las manos sucias, os sentís incómodos cuando hay mucha gente cerca, notáis cómo vuestro corazón se acelera cuando otras personas os tocan, mueven, empujan… sentís constantemente que vuestro espacio personal no está siendo respetado. Y con este procesamiento táctil estáis en el patio del colegio, en la hora del recreo, todos los niños se mueven rápido de un lado para otro, van hacia vosotros, os pegan tirones para jugar, chocan con vosotros… definitivamente ¡no respetan vuestro espacio!, y por más que sabéis que está mal pegarle a otros niños, controlarse en esa situación es tan difícil que os acabáis “defendiendo” y claro, acabáis castigados, o en el despacho del director y como siempre papá y mamá decepcionados con vosotros ¿¿Qué todavía no estáis frustrados??

Pues imaginad que vuestros sistemas vestibular y propioceptivo están trabajando al 50% y por más que te mueves no acabas de encontrarte cómodo. Sientes la necesidad de moverte, correr, saltar, girar sobre ti mismo… son cosas que te encantan porque después de hacerlas te sientes mejor, más eficaz, te cuesta menos trabajo estar atento y entender las cosas que te dicen… pero estas en tercero de primaria, llevas tres horas sentado en una silla súper incómoda, cada vez que intentas encontrar tu postura el profe te regaña, nadie quiere sentarse a tu lado porque molestas, tú sigues intentando enterarte de lo que están explicando ¡Pues claro! Eres súper inteligente y te gusta aprender (a pesar de que te llamen vago, flojo o desastre), pero estás tan atareado buscando tu postura y luchando contra tu sistema vestibular que te “obliga” a moverte, que cuando quieres darte cuenta, todos tus compañeros han apuntado la tarea en la agenda y antes de que tú puedas sacar la tuya el profe ya ha borrado la pizarra. Y todavía te quedan horas por delante de hacer deberes, que no te dejan moverte, que no te dejan jugar y que ponen de los nervios a mamá y a papá… Ahhh ¡¡Ya sí que os sentís frustrados!!

Esta es la realidad de los niños con una disfunción generalizada modulación sensorial. Podemos entender su frustración, su baja autoestima, su mala conducta, su rechazo a realizar ciertas tareas, su falta de autocontrol, sus rabietas, los problemas de sueño, que se le escape el pipí a veces… La vida con estos niños es muy dura para la familia y ¡¡para ellos mismos!! Es difícil ir al supermercado, a fiestas infantiles, a la playa, a la feria. Es difícil para los papás encajar algunos diagnósticos erróneos que se suelen dar (Hiperactividad, TEA, Déficit de Atención…) que saben perfectamente que ese no es el problema de su hijo. Es difícil explicar a los familiares que no es un problema conductual, que no se soluciona todo con mano dura y castigos para que no los juzguen como padres. Es una impotencia tremenda para los profesores que ven todo el potencial de ese niño maravilloso pero que no dan con la tecla para ayudarlo. Para los niños, la vida escolar es un tropiezo tras otro, es el inicio de sentirse como un fracaso (muchas veces desde los tres añitos) de pensar que son malos y de que no hay nada que puedan hacer bien.

¿Cómo podemos ayudarles?

Entender que es un problema de modulación sensorial es el primer paso. Cuando familiares y profesores comprenden que no es “un niño malo”, que es algo que ellos no pueden controlar, quitan presión sobre el niño y les cambian la vida. Los castigos no funcionan…¡¡No es un problema conductual!! Hay que evitar que el niño se desorganice y para ello nada mejor que “abrazos de oso”, mantener la calma, RESPIRAR, confiar en ellos, hacerles ver que cuentan con vuestro apoyo incondicional, ¡Jugar! y buscar actividades en las que tengan éxito. El trabajo emocional también es muy importante, sin duda la situación ideal es buscar un terapeuta ocupacional especializado en Integración Sensorial, que a través de una valoración pueda confirmar que se trata de una Disfunción de Modulación Generaliza, que oriente a padres y profesores y que ayude al niño a normalizar su procesamiento sensorial.

 

Celia Vázquez Pérez |Terapeuta Ocupacional, especialista en Integración Sensorial y Directora de de Ananda CTDI

One Response to “Mi hijo era feliz hasta que entró en el colegio”. Los problemas de modulación sensorial
  1. M

    Me gustaría recibir información sobre estos temas.
    Muchas gracias


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